
Sanido tomo un taxi, hicieron el camino en silencio. Pasó delante de la puerta. Intuyó que no volvería y rompió a llorar. El adiós siempre sabe a agua salada. Ya, camino de Barcelona estuvo a punto de decirle al taxista, vuelva. Pero la autopista estaba tan espesa que.. mejor dejarse llevar. El nudo de la trinidad también se le puso en la garganta y permitió seguir. Por el litoral, se intuyen las playas de Barcelona, una tarde de viento y cometas.
Ya en la estación de Francia su soledad ganó altura modernista y hasta se despistó. Él y su maleta de ruedas. Pasaban cinco minutos de la hora citada y una emoción nerviosa paralizaba el control de sus actos, por lo que tuvo que buscar una pared para evitar ser el imaginario centro de atención. El tren estaba tomando los últimos retoques, los limpiadores salían de cada coche y los maquinistas, tomaban notas, y chequeaban las últimas rutinas-protocolo. Se anuncia la salida con voz de catedral y los últimos apresurados corren. Sanido sube a coche y queda en la puerta oteando la entrada a los andenes, pero no llegó nadie más. En un santiamén baja del coche y se dirige a un banco donde la gente espera. Sanido dejó en el banco de la “Estació de França” una nota, como en las películas. La azafata de azul le invitó a subir, y cerró la puerta. Continuará… a la vuelta.
Ya en la estación de Francia su soledad ganó altura modernista y hasta se despistó. Él y su maleta de ruedas. Pasaban cinco minutos de la hora citada y una emoción nerviosa paralizaba el control de sus actos, por lo que tuvo que buscar una pared para evitar ser el imaginario centro de atención. El tren estaba tomando los últimos retoques, los limpiadores salían de cada coche y los maquinistas, tomaban notas, y chequeaban las últimas rutinas-protocolo. Se anuncia la salida con voz de catedral y los últimos apresurados corren. Sanido sube a coche y queda en la puerta oteando la entrada a los andenes, pero no llegó nadie más. En un santiamén baja del coche y se dirige a un banco donde la gente espera. Sanido dejó en el banco de la “Estació de França” una nota, como en las películas. La azafata de azul le invitó a subir, y cerró la puerta. Continuará… a la vuelta.
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