Ir al contenido principal

 

Regreso a mi raíz


Cada vez que el destino me acerca a Villadiego, el corazón me guía por el sendero hacia Villamayor de Treviño, mi cuna. Allí, donde el horizonte se extiende sin límites y la llanura se abre como un libro antiguo, fui recibido por la luz primera. Camino en silencio, envuelto en el anonimato, dejando que la memoria infantil se asome en cada esquina, en cada piedra que guarda secretos de juegos y travesuras.

Los sonidos aquí son distintos, ajenos al bullicio de la ciudad. El canto de los pájaros, el ladrido lejano de un perro, el rumor de un carro que resuena en la calma, el eco de un tractor que se pierde en la distancia. Algún coche atraviesa la carretera, recta y paciente, que une Villadiego y Melgar de Fernamental, apenas quebrada por tres vértices tímidos. Las campanas de la iglesia, a veces, rompen el silencio: repican en domingos de misa, en funerales, o en emergencias que estremecen el alma colectiva.

Recorro con la mirada las casas que aún conservan la huella de la vida. No todos fueron labradores: la taberna, la tienda de ultramarinos, el zapatero, el herrero, la casa del maestro, el carpintero, el pastor, “la casa el cura”… Todos, junto a los labradores, tejieron el pulso sencillo de este pueblo. Es invierno, y tras las ventanas arde la gloria, mientras la calle mayor se convierte en escenario de la calma. Las esquinas, con sus geometrías caprichosas, guardan piedras para tomar la fresca, adobes eternos que sostienen vigas oscuras, testigos de años y de guerras.

Las puertas, con portillo y gatera, se muestran vueltas, la mayoría sin llave, confiadas al sencillo tranco. Las gallinas, ajenas al trajín humano, picotean y escarban la tierra. Algún niño corre a casa, recibe un “sopanvino” y vuelve a perderse en la libertad de la calle, bajo la orden maternal: “¡No vengas hasta la hora de comer! ¡Vete a correr por ahí!”

En los albañales, precursores de la alcantarilla, se intuye la sabiduría de quienes sabían reciclar, de quienes vivían con lo justo: el calor de los animales, la despensa, la fruta sobre el grano, chorizos en tinajas, el resto de la matanza en sal o colgado, ahumado. La luz era escasa, suficiente para mantener la vida.

Junto al río Odra, cerca del puente, las mujeres lavaban y conversaban. Era una labor dura, mucho más que romántica, reservada a las manos femeninas del mundo rural, antes de que el agua corriente y las primeras lavadoras llegaran a las casas.

Al final del recorrido, me acerco a las eras, ahora vacías, desubicadas, la mayoría sembradas o aradas. No falta la visita a las bodegas, donde antaño se cultivaban viñas y se elaboraba un vino humilde, el “churrillo”, ácido y fresco, perfecto para acompañar queso, chorizo y pan. Tomarlo en la bodega era rito y encuentro, tertulia donde se hablaba de lo divino y lo humano. En las bodegas, algunos domingos se celebraba una especie de campeonato al juego de la chana, una práctica con dos cuernos de vacuno distanciadas por unos treinta metros a las que se les derribaba con unas piedras cilíndricas, llamadas morrillos, cantos o marros. Y el otro juego era el de la “tuta” (un cilindro de madera) un juego de lanzamiento con unos doblones o tangas de hierro acerado y biselados en su circunferencia, posiblemente de origen céltico, romano, griego o incluso procedente de la cultura árabe. Otros juegos populares que se realizaban en la calle un domingo, o en las fiestas eran los bolos. Mientras tanto, los chiguitos teníamos otros juegos más asequibles: El pinque romero, el esconderite (escondite), el marro, la rayuela…

Tras este viaje nostálgico, regreso a mi realidad, sin olvidar esa parte de mí a la que acudo cada vez con mayor frecuencia. Vivir la infancia en un pueblo fue, quizá, la mejor experiencia de mi vida: no solo por ser niño, sino por la riqueza de sensaciones y vivencias que el mundo rural regala. Mejor o peor que la ciudad, no lo sé; distinto, sí.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Amparo

Dedicado a mi madre que se despidió este 11 de abril Querida madre tanto tiempo ha pasado... a tus 97 años me había acostumbrado a tu mirada, a tus palabras, a tus sonrisas a tu cotidiana cara sonriente que formaba   parte de mi vida. Y sueño con que me miras que el silencio es tan sólo una pausa que aún no dejas esta vida que no puede estar vacía esta casa. Ni esta alma de sequía quiere aceptar lágrimas... que aún no es tiempo de tu partida... Que seguiremos dando una vuelta al jardín y escucharé tu comentario ¡Qué bien se está aquí! Me hablarás de los amigos, la familia los que quieres, los que te quieren de quienes te miman cada día de los juegos de cartas o del parchís. Sin olvidar tu cara de alegría al vernos llegar, también al salir esbozabas sonrisas a cuantos se cruzaban contigo siempre has sabido decir palabras gratas a cada amigo Cómo se agolpan los recuerdos lo mismo que aquellos trastos guardados ...

Cuando el río Odra

Es un río que nace en el norte de la Peña Amaya, en Fuenteodra, un paisaje que invita a quedarse, contemplar espacios abiertos, como todos los ríos su nacimiento es una simple surgencia de agua, que dependiendo de la estación varia considerablemente. Pero algunas veces, el río se desborda, en el pueblo decían ¡¡hay riada!! lo que significaba que además de lo espectacular de ver tal volumnen de agua, también podía ser un peligro. En algunas ocasiones todo el valle abierto que baja desde Villahizán hasta Sordillos y Villamayor se indunda una gran parte incluso cubriendo una parte de la cartetera CL633 a su paso cerca del puente de Villamayor. Aquí unas fotos del año 2013 en el mes de marzo muestran el caudal que puede alanzar un río tan aparentmente insigificante y tan cerca de su cabecera. no te pierdas este artículo ni este

Hoy, mientras votan "botan"

Nada que decir al juego de la democracia que nos permite elegir nuevos gestores de nuestras vidas, la de nuestros paisajes, la de las infraestructuras del país, la región, la comunidad... Pero son cosas de unos días, hoy todo está en los medios, las valoraciones, los ganadores que suelen ser todos, se van desinflando cuando se acerca la realidad y todo sigue igual... comienza el largo silencio de cuatro años, salvo que algún escándalo mayúsculo haga saltar por los aires el gobierno creado a imagen de los mismos de siempre. Porque al final, como dicen los "nadies" siempre ganan los mismos. Dentro de unos días, se irán largando los periodistas enviados... se retiran los focos, las cámaras y las unidades móviles. Mientras la vida continua como se dejó dias después, será como la resaca después de las fiestas: hubo ilusión y nos quedamos de nuevo con la boca abierta esperando que venga algún "salvador" Realmente, tras unas elecciones que han levantado mucho interés ¿Cam...