
Una hermosa historia real sobre un hipopótamo y una tortuga que sobreviven al tsunami en la Costa de Kenya. Este es un bello ejemplo de cómo esas diferencias no son naturales, son invento de nuestra sociedad y de nuestra forma de vivir, una manera de ir destruyendo nuestra convivencia.
Se puede convivir en la diferencia.
Hola
En el pasado encuentro en Els Reguers señalé en clave quasi cómica, por eso no se me entendió, sobre lo bello que es contemplar cómo acariciamos a nuestra mascota, gato, perro,... y cómo nos miran agradecidos, mueven la cola...y brincan de alegría, juegan, etc. Ellos (los animales) saben el chollo que les ha caído encima y explotan estas cualidades. No deja de ser una asociación de intereses. Pero yo puse sobre la mesa, la posibilidad de que un hipopótamo, un elefante, una jirafa, un animal de los llamados grandes nos adoptara un buen día e hicieran lo mismo que hacemos con nuestras mascotas: sacarnos a mear, a dar un paseo al parque, hacernos una casita, ponernos unas ropitas, jugar con nosotros, lamernos, besuquearnos, ¡bañarnos!, ponernos la comida, llevarnos al veterinario, perdón: al médico. Nos levantaría, el elefante, con su trompa hasta la altura de sus ojos y nos miraría con ternura, afecto, nos acariciaría una y mil veces, nos taparía con sus orejotas cuando tuviéramos frío y nos alcanzaría las mejores frutas de los árboles, las que están arriba que nunca llegamos, para deleitarnos continuamente. Nos presentarían en su sociedad en sus "partys" de elefantes y elefantas y nos mostrarían comparándonos con los mascotos y mascotas de otras familias paquidérmicas.
Bueno, todo esto puede ocurrir, estamos a un paso, es decir, a un gen.
La historia animal, incluida la nuestras, está llena de encuentros "asociados" por decirlo de alguna manera. Algunos llegaron por casualidad, otros por una mera imposición de convivencia, y, en muchos casos, son auténticas historias de amor y afecto, casuales en un cruce de caminos que es por donde mejor vamos -los animales.
Quienes crecimos en el ámbito rural hemos contemplado entre natural y sorprendidos cómo gatos y perros juegan y duermen juntos, patos jugando con conejos, estos con los perros, estos con los patos, con los corderos...
Adelardo "el de la Casilda" (nombres cambiados para respetar la identidad) un vecino del pueblo, crió un águila junto con las gallinas, los pollos y demás aves de corral. Cuando si hizo mayor, el águila le acompañaba hasta el campo, daba sus vuelos y regresaban a casa al mismo tiempo. No sé muy bien el final, pero un buen día la cosa terminó mal, "le dieron al pico".
Santi, (también es nombre cambiado) trajo un "cigüeñito" herido a casa (es el polluelo de la cigüeña), lo recuperó, lo dio de comer y se quedó como un ave más. Hasta que un buen día le dio por volver al ático que tienen en la torre del campanario, y así, más y más anécdotas.
Bueno, pues contra nuestra histeria de crisis, con burbuja y todo te mando esta del hipopótamo y la tortuga para recuperar nuestra sonrisa animal-sincera.
Se puede convivir en la diferencia.
Hola
En el pasado encuentro en Els Reguers señalé en clave quasi cómica, por eso no se me entendió, sobre lo bello que es contemplar cómo acariciamos a nuestra mascota, gato, perro,... y cómo nos miran agradecidos, mueven la cola...y brincan de alegría, juegan, etc. Ellos (los animales) saben el chollo que les ha caído encima y explotan estas cualidades. No deja de ser una asociación de intereses. Pero yo puse sobre la mesa, la posibilidad de que un hipopótamo, un elefante, una jirafa, un animal de los llamados grandes nos adoptara un buen día e hicieran lo mismo que hacemos con nuestras mascotas: sacarnos a mear, a dar un paseo al parque, hacernos una casita, ponernos unas ropitas, jugar con nosotros, lamernos, besuquearnos, ¡bañarnos!, ponernos la comida, llevarnos al veterinario, perdón: al médico. Nos levantaría, el elefante, con su trompa hasta la altura de sus ojos y nos miraría con ternura, afecto, nos acariciaría una y mil veces, nos taparía con sus orejotas cuando tuviéramos frío y nos alcanzaría las mejores frutas de los árboles, las que están arriba que nunca llegamos, para deleitarnos continuamente. Nos presentarían en su sociedad en sus "partys" de elefantes y elefantas y nos mostrarían comparándonos con los mascotos y mascotas de otras familias paquidérmicas.
Bueno, todo esto puede ocurrir, estamos a un paso, es decir, a un gen.
La historia animal, incluida la nuestras, está llena de encuentros "asociados" por decirlo de alguna manera. Algunos llegaron por casualidad, otros por una mera imposición de convivencia, y, en muchos casos, son auténticas historias de amor y afecto, casuales en un cruce de caminos que es por donde mejor vamos -los animales.
Quienes crecimos en el ámbito rural hemos contemplado entre natural y sorprendidos cómo gatos y perros juegan y duermen juntos, patos jugando con conejos, estos con los perros, estos con los patos, con los corderos...
Adelardo "el de la Casilda" (nombres cambiados para respetar la identidad) un vecino del pueblo, crió un águila junto con las gallinas, los pollos y demás aves de corral. Cuando si hizo mayor, el águila le acompañaba hasta el campo, daba sus vuelos y regresaban a casa al mismo tiempo. No sé muy bien el final, pero un buen día la cosa terminó mal, "le dieron al pico".
Santi, (también es nombre cambiado) trajo un "cigüeñito" herido a casa (es el polluelo de la cigüeña), lo recuperó, lo dio de comer y se quedó como un ave más. Hasta que un buen día le dio por volver al ático que tienen en la torre del campanario, y así, más y más anécdotas.
Bueno, pues contra nuestra histeria de crisis, con burbuja y todo te mando esta del hipopótamo y la tortuga para recuperar nuestra sonrisa animal-sincera.
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