.jpg)
No tiene nada de particular... solo que aquel (ese día) la lluvia dejaba un reflejo de charol en la subida de "La Rabassada" con el fondo de una melodía pop, los abanicos daban su ritmo limpiando en el cristal las gotas... al fondo una Barcelona húmeda en una tarde decadente de invierno se apresta para preparar un lunes invisible...
Antes habíamos posado a la puerta de El Florida cinco estrellas para plasmar en una digital nuestra presencia y accedimos por la puerta principal preguntando por la cafetería... alguien dijo -hay que dominar la escena- y así fue, que nos aposentamos en unos aaaammmplios sofás, con vistas a una cascada artificial y un sinfin de acero inoxidable altísimo por el que, en su reflejo veíamos transcurrir el agua. Al leer la carta todos prestamos atención a los precios, pero decidimos que no era cuestión de precio, sino de "aprecio" y, disfrutar de un lugar como ese no precisa de mirar en la columna derecha de ninguna carta que se precie de "cara". Un miembro del grupo se decide ir a fumar. Ahora ya nos han quitado ese placer de acompañar a la buena tertulia, el café y la compañía, un pitillo. Ella, pidió un lugar de fumadores y el camarero le acompañó a una dependencia-misteriosa, pues desaparecieron ambos tras una puerta sin cristal y decidimos que si tardaba más de dos minutos el camarero en regresar, iríamos a rescatarla. Pero no fue así. Sin embargo la curiosidad nos embargaba y otro miembro del grupo decide investigar y localizar a la fumadora, tras unos minutos nos dice que el lugar es muuuuy interesante y al final decidimos repartinos el hotel en visisitas por algunas dependencias. Fue como una especie de auscultación colectiva. Llevados y traídos, descansados, relajados...
Pues un café de dos o tres horas, no se mide por tiempo, sino por el aroma, el café es la excusa, la compaía es el motivo de todo este tinglado que nos hemos montado: Subir en día de lluvia al Tibidabo es una locura positiva de esas, como el colesterol bueno.
Nos despedimos, al menos hay amabilidad en los 5 estrellas. Seguro que volveremos para retomar una sosegada conversación mientras BCN "a sus pies" trajina la vida de sus ciudadanos de domingo por la tarde ávidos de consumir modernismo mientras tocan retirada.
Cae la tarde, el coche se deja deslizar calles abajo, perdidos en la Babel de Collblanc en l'Hospitalet, hasta tocar con la Carretera de Sants que nos lleva al Caixa Forum donde nos espera Charles Chaplin con sus peripecias fílmicas a cuyos gestos no necesitó ponerle sonido. Algo que debieramos aprender: estamos saturados de sonido y hemos perdido la expresión. Convido a todos a ver, pasear por esta intersante exposición de nuestro querido Charlot para reirnos incluso de nostros mismos ahora que sabemos lo que es no soportarnos (je, je)
Comentarios
Publicar un comentario
Tus comentarios son bienvenidos. Siéntete libre al comentar, opinar en cualquier sentido, aunque siempre, siempre, te agradeceré la amabilidad.