
Pero llega la Navidad y para apaciguar esa ansiedad de la compra compulsiva-impulsiva… nos ilusionamos con el gordo de las narices. Precisamente pensando en él, hago mis cuentas y resulta que, de un décimo han hecho 15 papeletas, de cada papeleta le han descontado un 25% para donativo al intermediario que “te la coloca”. Total, que sólo en el caso de que te caiga el gordo tienes para comprarte unas gambitas y la desgracia de que te llamen un motón de amigos que –siempre lo han sido- para felicitarte y de paso te cuentan que han tenido una desgracia, y que ya que has sido afortunado, tu conciencia no quedaría tranquila si no dedicas una parte a la caridad, y qué mejor que empezar con los amigos “de siempre”.
Loco de alegría vas al banco y -por un casual- se te escapa que te ha tocado el gordo. ¡Joder, la que has liado!. De repente se encienden las luces de reserva de la entidad, todos los clientes de la cola se paralizan, se echan para atrás, te miran con esa cara de admiración y envidia que solo somos capaces de mirar los “pañoles”. Y en un alarde de destreza protocolaria aprendida en el Instituto Dale Carniere, levanta el culo del asiento, el director de la entidad, se coloca la sonrisa de oreja a oreja y te tiende una mano limpia, fina, aséptica, te da una palmadita en la espalda, te llama por tu nombre y te invita a pasaaaar. ¡Paaaaaase, paaaaase, buen amigo!
Fuera, en el patio de la entidad se oye ¡¡¡ooooohhhhhh!!!!. Acabas de entrar en el mundo de los ricos. De repente ves que todo ha cambiado en tu vida. La diosa Fortuna ha llegado a ti a través de una oficina de barrio de una entidad bancaria. El director, no te deja ni abrir la boca, es como si lo supiera todo, todo. Te ha encerrado en su despacho color oro y púrpura,(como decía Tito B. Diagonal) frente a ti, un cuadro de 2 x 3 m. con una escena de la caza del zorro en el país de Gales; ahora ya no te ven los clientes desde fuera, ahora perteneces a otra clase. ¿podrás ir de caza mayor? … a cazar la “oza” mayor.
Estás un poco atontado, no asimilas lo que te está pasando, te entran ganas de pedir permiso para llamar a tu esposa y decir que te han secuestrado. ¿llamar? te dice el Sr. Director. Esta entidad tiene el gusto de regalarte este móvil de última generación que está dotado con GPRS, mp3,mp4 i-mode, 3-G, mPlay, Bluetooth, polifonia, inflarojos, cámara, video, y pila nuclear con 300 años de duración…. y tu asustado, contestas -¿me puede quitar lo de “inflarojos”? porque tengo unos amigos del PSOE y qué pensarán.
El Sr. Director piensa que ha conseguido el cliente de su vida y eso es un plus de cara a la entidad que ¡nunca se sabe!. Lleno de emoción, que te contagia a ti también, te pregunta ¿tienes abuela? y tú que ya has olvidado qué es eso, dices que sí y te hace entrega de un estuche-sorpresa, -se lo das a ella- te dice mientras sale un momento a otro despacho, abre un armario con llave y te trae otra cajita. Es más pequeña, pero aquí no hay sorpresa, la abre lentamente y aparece un reluciente collar de perlas, que parece que tienen luz propia. Me dice –esto es para tu esposa- (este tío no sabe que estoy separado hace tres años), y ya, viendo que esto funciona tan fácilmente, oso decirle ¿para mí no hay nada?. El Sr. Director sonríe con una sonrisa entre pícara y cómplice. –Para usted ¿te puedo tutear?, para ti está nuestro “gordo especial”, por favor, como te íbamos a dejar así, sin nada. Mira, para empezar, este estuche contiene un reloj de la marca…. bueno, tú mismo lo puedes comprobar, esta marca solo hay una en el mundo irrepetible. Y es más, está dada la orden. Hace unos minutos se ha puesto en camino un automóvil en cuya guantera lleva documentación a tu nombre ¡Es todo un carro!. Eh, ¿qué te parece? No me lo puedo creer.
De repente te entran ganas de mear, te viene un calor espantoso a la cara y comienzas a sudar ¿Es real lo que me está pasando?, ¡No me lo puedo creer!.
Son los sueños, de repente, despiertas, “te das cuen” que todo ha sido puro dormir, y vuelves al mundo real. Suena la sirena-despertador y recuerdas la canción… Te recuerdo Amanda, la calle mojada, volviendo al trabajo… no encontraba a nadie , no me ha tocado nada… y después de frotarte los ojos, te miras al espejo, te encuentras y piensas: ¡fue bueno mientras duró!.
El sueño del GORDO.
fue “gordo” mientas dormía
pensé que me había tocado
…. la lotería.
Luis Miguel Avendaño
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