L os remolinos del invierno llevaban las esquinas y buscaba un bar para refugiarse. Bajo el soportal de la plaza mayor se agrandaban los minutos. Ah, los minutos eternos, tremendos sonoros en el corazón, no son solo espera, son desespera-ción. Él auscultaba cada rincón para ser el primero en alcanzar la mirada y adivinaba al revés, pues de pronto una mano rozaba tímidamente su hombro… -ya estoy aquí, perdona por el retraso- . Llegó tarde, como la excusa. El soportal de la librería Santiago Rodríguez, guardaba un relato más de amor de una tarde de domingo. El primer amor lleva mal los primeros pasos, la incipiencia es una virtud adolescente, desconcierta, carece de manual y no saben cómo reaccionar. Todos los sueños y vueltas sobre el verbo, se congela de repente ante tanta admiración. El corazón se reserva su espacio y no deja fluir… tan solo un – ¡Qué guapa estás¡- Una amor “avanzado” contestaría, -claro mi amor, me he vestido para ti . Pasean sin cesar, transcurre la vida f...
Un blog sin encuadernar